domingo, 21 de septiembre de 2008

SIENDO RICO SE HIZO POBRE

Repentinamente, la escena cambió. Este que tenía todo poder en los cielos y en la tierra, que sujetaba con su autoridad a hombres, ángeles y demonios, fue aprehendido en Getsemaní. Los hombres lo ataron y lo llevaron e hicieron de él lo que quisieron. Le pegaron, escupieron su rostro, le injuriaron. Y él permaneció en una actitud pasiva. Este que era Señor sobre los hombres estaba siendo sometido por ellos. No actuó más con la autoridad que había demostrado tener. Cuando le llevaron delante de Pilato, este le dijo:
“¿Así que tienes una autoridad superior? Vamos a ver.” Dio orden de azotarlo, y de llevarlo a la cruz. Jesús, cuya autoridad era suprema, efectivamente quedó sujeto a la autoridad de un gobernante. Fue azotado. Cargó la cruz, y en la cima del Calvario le acostaron sobre el madero, clavaron sus manos, sus pies y le levantaron en la cruz. Su cuerpo quedó colgado, sujeto por tres o cuatro clavos al madero. Allí estuvo el Hijo de Dios. La gente pasaba y decía: “¿Y tú eres el Hijo de Dios?... Bájate de la cruz, y creeremos en ti. ¡Demuéstralo!...”
Ya había pasado el tiempo de demostrar. Aquel que era Señor de la naturaleza y que sujetaba vientos y mares y a sus leyes físicas, quedó El mismo sujeto a un madero por unos clavos; y no pudo salir de ahí. ¿Qué fue lo que sucedió?
Comenzamos a comprender aquello que Pablo dice: Se hizo pobre, siendo rico. La riqueza mayor de Cristo no era material o física, sino que consistía en su autoridad y dominio sobre todo y sobre todos. Este que era rico, y que tenía todo en sus manos, comenzó a empobrecerse poco a poco. Este que dominaba sobre todo, quedó sujeto a todo.
Estaba allí en la cruz, agonizando. Los discípulos se habían ido. No había nadie a su lado. Miró al cielo: ni el Padre le miraba. Le había desamparado. Por eso exclamó a gran voz: -Dios mío, Dios mío. ¿Por qué me has desamparado? – Ni siquiera un ángel estaba allí para reconfortarle. El que había tenido al ejército de los cielos a su disposición, ya no lo tenía más. Quien había sido Señor sobre el reino angelical, estaba ahora abandonado por todos.
Y Cristo, clavado en aquella cruz, habiendo exclamado a gran voz, dio el espíritu, y murió. ¿Cómo?
¿No era El quien había levantado a los muertos? Sin embargo, ahora estaba muerto. El había tenido poder sobre la muerte, pero ahora la muerte prevalecía sobre El y moría. ¡De todo se despojó!