viernes, 4 de octubre de 2013

TOMA EL EJEMPLO DE MARÍA, LA MADRE DE JESUS

“…LA MADRE DE JESÚS LE DIJO: NO TIENEN VINO” (Juan 2:3) En tiempos bíblicos, ofrecer vino a los invitados de una boda era una señal de respeto, así que quedarse sin vino hubiera sido socialmente desastroso. Pero nota como María manejó la situación; en lugar de tratar de echar culpas, decidió que era mejor resolver el problema. John Dewey dijo: “Un problema bien planteado es un problema medio resuelto”, así que antes de actuar, María habló con Jesús. ¡Una decisión perspicaz! Jesús dijo a los criados que llenaran las tinajas con agua y que dieran un poco al encargado del banquete. Cuando éste lo probó, la Biblia dice que “…probó el agua hecha vino…” (Juan 2:9). Pero date cuenta que eso ocurrió después de obedecer a Jesús, no antes. En una reunión particularmente tensa de líderes de iglesia, cuando uno de los miembros de la junta sugirió que se orara por los problemas, otro respondió: “¿Tan grave es?”. Básicamente, hay dos razones por las que hacemos de la oración nuestro último recurso en vez del primero: (1) Nos gusta pensar que somos lo bastante maduros para resolver nuestros propios problemas; (2) Nos sentimos insignificantes y pensamos: Es lógico que María le pidiera a Jesús; es su madre, pero Él tiene problemas más grandes que el mío para resolver. No, ¡a Jesús le importan tus problemas! Él se agrada en ti (Ver Salmo 18:19). Se goza contigo como el gozo del esposo con la esposa (Ver Isaías 62:5). Nunca eres demasiado grande ni demasiado pequeño para pedir ayuda a tu Padre. Simplemente, toma el ejemplo de María: (a) Identifica el problema; (b) Llévalo a Jesús; (c) Haz lo que Él te diga – ¡y te encantarán los resultados!

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